por Alef Pérez
En 1700, Carlos II de España, hombre de la casa reinante Habsburgo, murió sin desendencia. Para 1701, las potencias europeas decidieron alinearse a los posibles candidatos al trono, lo cual dio inició a la Guerra de Sucesión. Es posible destacar, la rama Austriaca de los mismos Habsburgo colocó a Carlos como su candidato. En contra posición, los franceses decidieron apoyar a Felipe el nieto de Luis XIV. En ambos casos contaron con cierto derecho de sangre a gobernar por el lado materno.
Al no tener un monarca, España terminó por dividirse entre los bandos de los posibles candidatos, mientras sus posiciones en ultramar quedaron expectantes. En tal contexto, Gran Bretaña aprovechó para ocupar Gibraltar. Al terminar el conflicto en 1713, los franceses perdieron su influencia política, aunque lograron imponer su casa dinástica los Borbón al colocar a Felipe V en el trono en Madrid.
Durante aquellos años, los territorios de ultramar del Imperio español mantuvieron una relativa calma en espera de la conclusión de la Guerra de Sucesión. En tal escenario, la Nueva España no fue la excepción. Sin embargo, las lealtades llegaron a vacilar por lo prolongado del conflicto y las posibles repercusiones.
En 1701, al enterarse de la muerte del monarca Carlos II de España, José Sarmiento Valladares buscó dejar el cargo de virrey de la Nueva España. Esto por dudas sobre su lealtad. En pleno conflicto por el trono, Felipe V colocó a Juan de Ortega Montañés como nuevo virrey, el cual se encontró en tierras novohispanas por ser arzobispo de México. En buena medida, no existió mayor dificultad para el reconocimiento por parte de los novohispanos.
En sus intentos por ampliar el conflicto, los ingleses capturaron la Isla de Términos (hoy isla del Carmen) en las proximidades del puerto de Campeche, no encontraron simpatizantes novihispanos, en parte, por lo aislado de la posición (Ávila, 2019: 255). En respuesta, las autoridades virreinales buscaron mandar hombres para la defensa costera con pobres resultados y sólo lograron recaudar recursos monetarios para fortalecer la defensa.
En 1706, la causa del Habsburgo con el aspirante al trono Carlos encontró simpatizantes novohispanos entre la élite virreinal, de criollos y de españoles de la ciudad de México. En particular, Salvador Mafer resultó la figura más reconocible entre los conspiradores. Aunque al ser descubiertos, la posible rebelión terminó por disolverse. Sin mayor dificultad, Felipe V como rey de España mantuvo la lealtad de la colonia.
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