por Alef Pérez
Al estallar la Revolución mexicana, las repúblicas de indios de la colonia y, aún en tiempos más profundos, los altéplet mesoamericanos resultaron formaciones sociales antiguas. Aunque mantuvieron una influencia importante con su organización colectiva, a pesar del peso del individualismo del siglo XIX, que intentó insertarse en toda la sociedad.
En el Porfiriato, la identidad mestiza resultó significativa y en ocasiones llegó a confundirse con la del mexicano. En buena medida, el ferrocarril introdujo mercancías a lejanas tierras, lo mismo con las personas, mientras el español ganó preponderancia frente las lenguas de origen prehispánico. En buena medida, la Revolución mexicana cerró la comunicación en algunas regiones y los grupos étnicos locales lograron recuperar parte de sus tradiciones orales de forma parcial y temporal.
La movilidad social del siglo XIX y, de forma más agresiva, la del Porfiriato afectaron la composición de algunas comunidades indigenas. Por ejemplo, el pueblo natal de Emiliano Zapata, Anenecuilco, llegó a recibir afroamexicanos, mestizos y blancos como habitantes. Los cuales en su momento decidieron sumarse a los esfuerzos de Ejército Libertador del Sur por la recuperación de las tierras comunitarias.
Mientras algunas comunidades llegaron a recibir migrantes de diversos grupos sociales, otras sufrieron desgaste de su tejido social por la búsqueda de sus individuos de oportunidades en otras tierras. Lo cual desmoronó la identidad étnica por la necesidad de aprender una nueva cultura con su idioma -el español- en zonas rurales o urbanas. Sin embargo, otros desarraigados de su terruño fueron quienes decidieron unirse a diversos contingentes militares distintos al Ejército Libertador de Sur. Por ejemplo, algunos yaquis acompañaron a la División de Noroeste y varios de ellos decidieron no volver a sus tierras ancestrales en Sonora.
En un aspecto más amplio, la comunidad indígena resultó fundamental para consolidar el carácter agrario de la Revolución mexicana, en buena medida, colocaron el problema social central en la tierra. Lograron recuperar el carácter colectivo de la posesión de la tierra a través del ejido, lo cual conservó el arraigo al terruño natal.
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