En mayo de 1911, el triunfo de la Revolución maderista quedó asentado en el Tratado de Ciudad Juárez, lo cual permitió la organización de un nuevo proceso electoral. Sin embargo, los temas no resueltos de las demandas campesinas provocaron la continuidad de varios movimientos, el más relevante: el zapatismo en el estado de Morelos.
Mientras algunos grupos rebeldes mantuvieron las armas, Francisco I. Madero comenzó los preparativos para su segunda campaña presidencial, disolvió el Partido Antirreleccionista al considerar sus postulados en contra de la continuidad en el poder de Porfidio Díaz como logrados. En agosto de 1911, creó el Partido Constitucional Progresista como nueva plataforma política. En noviembre del mismo año, logró la victoria en las elecciones presidenciales.
El gobierno maderista heredó buena parte del aparato gubernamental porfirista, lo cual limitó sus posibilidades de transformar el sistema. En tal contexto, las propuestas democratizadoras y de libertad de expresión terminaron por debilitar el sistema por perder un mando fuerte, la forma tradicional de funcionar del sistema.
A través de las concesiones del maderismo, la prensa escrita decidió cuestionar al gobierno. En buena medida, las editoriales y periodistas tradicionales resultaron porfiristas y criticaron desde el rencor de haber perdido parte de su vínculo con el poder. Algunos vieron y señalaron los puntos débiles del nuevo presidente sin mala intención, sólo ejercieron su nueva libertad de expresión. Por su parte, la opinión pública comenzó cuestionar la franca debilidad de las autoridades.
No sólo fue una oposición política y en la prensa, los alzamientos en armas resultaron comunes. En Morelos, los zapatistas lanzaron el Plan de Ayala para reivindicar su lucha por la tierra. En Chihuahua, Pascual Orozco viejo revolucionario maderista lanzó el Plan de la Empacadora, el cual representó tanto a intereses de campesinos y obreros, aunque tuvo el respaldo de terratenientes porfiristas.
En febrero de 1913, el maderismo enfrente la Decena Trágica. La rebelión tuvo lugar en la ciudad de México y la embajada de los Estados Unidos funcionó como un punto articulador para los conspiradores. Francisco I. Madero encontró la muerte. Por su parte, Victoriano Huerta usurpó la presidencia. Sin embargo, la Revolución continuó en parte por vengar a su caudillo caído, aunque desaparecieron banderas como la democracia, mientras el agrarismo tomó nuevos bríos y surgieron el nacionalismo y el autoritarismo.
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