Análisis. La revolución interrumpida de Adolfo Gilly

por Alef Pérez

Adolfo Gilly (1928-2023) nació en Argentina, aunque en México terminó por encontrar su hogar. Mantuvo una postura de izquierda militante a lo largo de su vida. Esto lo llevó a apoyar diversas causas sociales en América Latina. En términos intelectuales, la teoría marxista fue dominada por él junto una amplia cultura. 

En los años sesenta, Gilly estuvo encarcelado en Lecumberri por su disidencia  política. Ahí, tuvo tiempo para redactar su texto: La revolución interrumpida, que terminó por publicarse en 1971 (Matute, 2005: 57). Las condiciones impidieron tener una amplia base documental, por lo cual, terminó por sustentarse en los libros a su disposición y sus recuerdos de lecturas previas. Fuera de las convenciones académicas, el libro tuvo sustento en la teoría marxista con la perspectiva clara de comprender la historia de la subversión de las masas.

En el entorno marxista, Gilly mostró una especial afinidad por el pensamiento  de León Trotski, quien conceptualizó a la revolución permanente. Lo cual señaló los riesgos de desviación de no mantener un esfuerzo constante por la construcción del socialismo. Así, el villismo y el zapatismo fueron el verdadero aspecto transformador desde los trabajadores de la tierra en armas. Su derrota significó la imposibilidad de ejercer el radicalismo de los proyectos de justicia social, aunque logró imponer algunas conquistas para el pueblo e impidió a la burguesía actuar sólo para su acumulación de capital. 

De forma reaccionaria, algunos historiadores desdeñaron el trabajo de Gilly, quien llegó a ser considerado como un periodista y no alguien del propio gremio (Ávila, 2024: 1363). Las categorías utilizadas fueron tachadas de incapaces de dar sentido a la realidad mexicana. 

En perspectiva, la sagacidad del análisis histórico y la base teórica marxista dieron fuerza al libro de Gilly, que logró colocarse como un best-seller. Es más, alentó la discusión sobre el mismo sentido de la Revolución mexicana. Con el tiempo, los historiadores profesionales debieron aceptar el lugar del texto en el revisionismo. Bajo una perspectiva general, los campesinos lograron colocarse en el centro de la Revolución como proceso histórico. 

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