La Guerra del Nayar (1722)

por Alef Pérez

Al correr de las décadas y de los siglos, la Nueva España tuvo uno u otro rincón fuera del control de los españoles. Uno de esos casos era la sierra de San Andrés un fragmento de la Sierra Maestra Occidental en el actual estado de Nayarit. Aunque en los primeros años del siglo XVIII, los colonos españoles comenzaron a llegar por el descubrimiento de oro y plata. 

Entre los grupos de indigenas coras, algunos buscaron refugio en la Meseta del Tonati de la sierra de San Andrés, centro ceremonial de su “dios sol” o del “rey Nayar”, una deidad regional sobre uno de los elementos básicos de la naturaleza con un pasado ancestral en su cosmovisión. Aunque la misma figura mítica-religiosa fue posiblemente ajustada en un hombre real momificado del siglo XVI, quien llegó a recibir el bautizo católica, aunque mantuvo las costumbres ancestrales de sus tierras. 

El aislamiento geográfico de la Meseta del Tonati permitió a los coras mantener su propia cultura. Es de hacerse notar, los alrededores eran zonas de influencia española con la cual interactuaron de forma constante. Por lo cual, vivieron bajo su influencia sin estar en el sistema de dominación colonial. 

En 1722, españoles y criollos de Guadalajara buscaron someter a los coras insumisos del Nayar (Ruiz, 2001: 46). En la perspectiva de algunos, estuvo la idea de llevar la fe católica a unos indios idolatras, otros pensaron en obtener acceso a una zona rica en oro y plata. 

A los pies de la sierra de San Andrés, españoles y criollos junto una importante  contingente de indigenas aliados establecieron su campamento. Esperaron la rendición de los coras y así pensaron evitar pelea, lo cual no aconteció. En octubre de 1722, comenzaron las operaciones militares y realizaron varios asaltos hasta lograr irrumpir en la Meseta del Tonati para capturar la momia del “rey Nayar”, la cual fue trasladada a la ciudad de México y terminó en la hoguera. 

En buena medida, la captura de la momia del “rey del Nayar” significó la derrota de los coras. Los dirigentes de la rebelión fueron ejecutados, algunos llegaron a escapar.  Por su parte, los españoles lograron afianzar su dominio en la región con conventos y la explotación minera. 

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